Acabo de terminar mi trabajo, no pensé que me costaría tanto. Me siento como un niño pequeño al que le ha desaparecido su juguete favorito.

NADIE

puede imaginarse hasta qué punto estoy roto. Daos cuenta que mi curro, mi juguete, es lo que me ha mantenido durante tanto tiempo aquí. Siento como si hubiera matado lo poquito que me quedaba de infantil, como si hubiera empujado al niño que llevo dentro por un precipicio para dejar de aferrarme a la madurez y que sea ella la que venga de sopetón a buscarme de una puta vez.

La decisión que he tomado sin duda ha sido la mas dura de todas hasta ahora y no esperaba tener tanto valor como para ser capaz de llevarla a cabo. Sé que he hecho lo correcto, es una certeza. Pero hoy soy consciente del altísimo precio que acabo de pagar para conseguirlo.

El primer beneficio está claro, mas seguridad todavía en mí mismo, mas valor, mas determinación, mas capacidad para hacer todo lo que me propongo sin pestañear, MAS HUEVOS.

No podía quedarme estancado en un trabajo que adoro pero que no me iba a hacer crecer como profesional, una vez que sabes todo lo necesario para hacerlo bien es imposible que aprendas nada mas. Hay demasiadas barreras y demasiada lentitud. La decisión madura es mirar por mi futuro, salir de ese trabajo, de ese OPIO y buscarme algo que me haga evolucionar. Tanto sabes, tanto vales, si no aprendes cosas nuevas te devaluas.

En fin, dejemoslo aquí por hoy. Tengo los ojos demasiado húmedos todavía para salir por cámara, hoy no hay videoblog. No tengo ni hambre, me voy a ir a dormir en breve.

Mañana me espera un día laaaaargo y muchas cosas que hacer. Así que para mañana ya habré asumido esta pérdida y empezando mi revolución personal.