Capitulo 1: http://www.maikeladas.es/2009/04/novela-sinttulo-captulo-1/
Poco a poco Roberto salía de su inconsciencia, notaba calor en su cuerpo y humedad en su cabeza, había un fuerte olor a madera. -¿qué ha pasado? ¿cómo he llegado aquí?- pensó y entonces abrió los ojos. El chico de la escopeta estaba frente a él, agachado, añadiendo leña en la chimenea antigua, estaban en una especie de cobertizo.
- Ten cuidado al incorporarte, te has dado un buen golpe – le dijo el desconocido – ¿como te llamas y qué hacías a estas horas en el bosque? – le dijo.
- Me llamo Roberto y no te tengo que dar explicaciones, ¿cómo he llegado aquí? -
- Oí un golpe seco entre los árboles y fui a ver qué pasaba, te encontré allí tirado inconsciente con una herida en la cabeza, te traje aquí, te limpié la herida y te he dejado descansar, por cierto me llamo Pedro – intentó un amago de apretón de manos con Roberto pero éste le rechazó – ¿qué cojones hacías con una escopeta? – dijo.
- Tú no me has dado explicaciones, yo tampoco tengo por qué dártelas -
Roberto pensó en las rocas, el mar, el sonido del viento, su paisaje y segunda casa natural y enfureció de que aquel desconocido, Pedro, se adentrara en ella pero sintió que el mareo volvía así que volvió a tumbarse.
- Creo que esta noche no voy a poder moverme de aquí -
- No te preocupes, yo no tengo prisa, vivo aquí -
En ese momento se quedó medio lelo, se sentía mal, el golpe en la cabeza aun le tenía aturdido, Pedro se acercó y se sentó a su lado mientras Roberto se giró, no quería tenerle ahí al lado, queria que se le fuera esa sensación para poder irse, metió su mano bajo su cabeza usándola de cojín, cerró los ojos e intentó dormirse. Dándole la espalda a Pedro.
Le oyó levantarse y echar mas leña al fuego, la primavera estaba cerca pero aun hacía frío por las noches. Pensó – ¿quien es este tal Pedro y donde está este lugar? – no le dió mas vueltas y empezó a entrar en la vigilia. Sus sentidos y con ellos su conciencia se fueron lennntamente apagando. Ninguno de ellos fue consciente de tener el pecho de Pedro pegado a su espalda, ni de sentir la respiración en el cuello, ni de la mano ajena descansando en su ombligo ni el brazo contrario rodeándole el pecho.
Por su parte Pedro contemplaba a Roberto ya dormido, le acariciaba la cabeza, como si con cada roce pudiera curarle la contusión. La leña lentamente se iba apagando y él se giró para dejar de abrazar a ese desconocido que sabía que le estaba espiando en el bosque, que por alguna razón despertó en él algún tipo de instinto. Se quedó mirando al techo, absorto en sus pensamientos, Roberto se giró y le abrazó a él esta vez, apoyando su cabeza en el hombro de Pedro.
Despacio, en paz, Pedro se fue quedando dormido.
